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" El encendido " ( y III )

Anteriormente habíamos visto los distintos elementos que nos pueden servir para encender nuestros habanos, ahora examinaremos las distintas formas de combustionar los cigarros, de tal forma que la fumada nos sea lo más placentera posible.
Es de todos conocido que hemos de quemar de manera regular el pie del cigarro, pues así facilitaremos la combustión del mismo a lo largo de la fumada, por lo que será de mayor utilidad no tener excesiva prisa en realizar nuestro encendido.
Si utilizamos un encendedor común habremos de procurar que la punta de la llama (siempre que ello sea posible) no queme directamente el tabaco. Alejamos un centímetro (más o menos) la llama y giramos lentamente el puro para que vayan quemándose regularmente.
De esta forma conseguiremos que en el transcurso de la fumada si el cigarro está bien torcido ira combustionando con regularidad y no avanzará más que circularmente.
Es preferible que cuando observemos que ya está bien encendido el pie agitemos en pequeños círculos nuestro habano para asegurarse la regularidad de la combustión, aunque con los gases inocuos que se utilizan en la actualidad podríamos también dar unas pequeñas aspiraciones para iniciar la fumada.
Los fumadores debaten si es preferible realizar el encendido antes o después del corte. Yo he mantenido siempre que el torcedor ha basado su trabajo en procurar crear en la tripa una especie de chimenea que ventile el cigarro y perfeccione  su labor para facilitar el tiro en la fumada.
Por ello soy partidario de efectuar el encendido después del corte, ya que en los primeros momentos de la combustión el propio cigarro ya comenzará a favorecer el ascenso de ese tiro de chimenea.
No obstante, con la aparición del corte y encendido en las manos de mis buenos amigos los sumilleres, se ha divulgado que ambas operaciones las realice quien nos está ofreciendo el habano, pero en algunos casos será el propio fumador quien realice el corte.
Este sistema, como medida de higiene para que nadie ponga la mano sobre la cabeza del cigarro donde luego se ocupará nuestra boca, es útil, pero ya algunos sumilleres prefieren realizar también el corte antes de encender.
No es el caso habitual de los habanos, pero los viejos fumadores cubanos denominan “apagón” al cigarro que se nos apaga y corta la combustión.
Esto para mi suele ser la señal que nos envía el puro para alertarnos de que no le estamos dedicando la suficiente atención.
Pero no se preocupen que eso no sea óbice para que lo puedan volver a encender si realizan de nuevo los cuidados de hacerlo regular y circularmente. Eso sí, mi consejo es que procuren no desprender la ceniza que había quedado al apagarse, ya que con el nuevo encendido ella caerá sola.
Si desprenden la ceniza antes de volver a encenderlo puede ocurrir que los tonos amargos aparezcan en los primeros momentos y no sea posible percibir de igual forma los aromas y sabores correspondientes.
En cualquier caso tengan ustedes presente que los cigarros son como las mujeres: si no les prestamos atención y no le dedicamos nuestro tiempo, se apagan.
                

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